Que descanse en Paz.
Ocho años después,
partió para alcanzar a su viejo.
"Ya viene mi marido por mí"
decía, "ya llegó mi camión,
ahí viene Jesús".
Con los ojos entre abiertos
como para no perderse los arreglos;
viendo de reojo a quien llega,
para después, cuando alguien pregunte:
"¿Quién ha venido a verte?"
responda como para ser consentida:
"Nadie, nadie viene a verme, sólo tú".
su piel fría dice que hoy descanza
tranquila; después de una vida
de sonrisas, de lágrimas,
algunos enojos y un sin fin de alegrías;
una vida de ver por 10 hijos, nietos y bisnietos.
en la que vió la vida pasar,
es demasiado verde como para ser otoño,
se asoman algunas flores del gran árbol
que vivió para ella,
para su mermelada de chabacano.
miran hacia abajo, agachando la cabeza
como guardando respeto
por la memória de quien se ha ido.
Los ojos de sus nietos
se llenan de lágrimas cuando
ven a sus padres llorar la muerte de su madre.
Hace siete días que sucedió: la profecía se cumplió, el Hijo de Dios bajó a la Tierra y llevó a su reino celestial a sus elegidos. Al principio estábamos desconcertados, nadie sabía con exactitud lo que pasaba, algunos platicaban sobre las trompetas que se dejaron escuchar justo antes de que una luz cegadora hiciera que todos durmieran; en lo personal no recuerdo nada, estaba dormido junto a la mujer que amo.
Hace siete días que la busco, nadie me habla de ella, nadie la ha visto, y hasta ahora no ha llegado mi turno de hablar con Él; he visto y conversado con un sin fin de personas, según algunos, aquí somos más de diez mil millones de humanos, más de la población actual del planeta, puedo entender todo lo que me dicen, asiáticos, africanos, europeos, cristianos, musulmanes, ateos, judíos; según he oído algunos de ellos vivieron hace miles de años, pero sin importar a quién le pregunte, nadie sabe nada de Vanessa.
De repente, de la nada apareció una nube blanca, sentí la necesidad de atravesarla, y ahí estaba, me miró justo a los ojos, susurró algo que no pude escuchar, y mientras lloraba, comencé a gritar “¿Dónde está; dónde está?”. Él seguía viéndome, una vez más vi sus labios sin alcanzar a escuchar lo que decía. “¿No está aquí? ¿Cómo que no está aquí?”, pregunté y después de ver sus labios, le ordené “Regrésame, si no la piensas traer, mándame con ella”. Dijo algo sobre creer en Él y en su Plan, pero yo no podía creer en nada si ella no estaba conmigo. Tras escucharme, me contó su Plan, y me impuso condiciones; otra vez la luz cegadora…
Hace siete días que estoy en la Tierra, nada es igual: destrucción, soledad, muerte.
No hay rastro de Vanessa…
Acércate, mira más de cerca, dime qué ves; no hay otra opción.
¿Recuerdas el primer día? Todo fue tan fácil,
pero no fue suficiente, tú querías más
no te conformaste sólo con luz y oscuridad,
dividiste mar y tierra, pero la tierra te parecía triste
y decidiste darle vida, claro fue fácil para ti:
un árbol por aquí, una rosa por allá.
¿y bien, fue suficiente? Siempre quisiste más ¿no?
Más movimientos, más diversión, más vida,
y creaste tantos animales como plantas había en la tierra;
pero al sexto día una gran idea llegó a tu mente,
una gran idea complicada; pero tú lo puedes todo ¿no es así?
Tú lo puedes todo: e hiciste un hombre y una mujer,
con un toque de humildad de tu parte:
crearlos a tu imagen y semejanza.
¿Realmente es así? ¿somos como tú?
Debiste pensarlo dos veces, talvez el barro no es el mejor material
para crear una obra maestra; talvez tantos animales no son necesarios ¿has visto cuántos han desaparecido? Lo mismo digo de las plantas, y así del agua, de la oscuridad, todo desaparece. Pareciera que tu obra maestra no lo fue del todo, pero podría serlo, un segundo intento quizás, volver a empezar, comenzar desde cero nunca estará mal, se un poco más original, cambia algunas cosas ¿has pensado que el hombre pudiera estar de más? Talvez el detalle es la semejanza, somos tan diferentes ¿eres bipolar? Insisto, prueba una vez más, olvídate del odio, del egoísmo, olvídate del rencor, sólo dale amor a tu creación, cariño, alegría, no olvides el placer y la felicidad.
Y Dios, recuerda, el séptimo día procura descansar.