Entre ráfagas de fuego, fuertes vientos,
sobreexposición de colores y luces,
entre todo y todos la encontró.
Ella a él, más bien.
No sabía qué habría que hacer,
no conocía su vida, ni su futuro.
No conocía nada más que
su sonrisa pálida y mirada perdida.
Pero helos ahí, mirándose, hablándose.
Pidiéndole la una al otro que la bese
suplicándole que entre en su vida.
Que se atreva a ser parte de él.
Mas cómo atreverse si era de otra vida,
cómo entrar si aún no salía.
Cómo se atrevió a pedirlo si él lo sabía.
Descaro sin duda, cinismo, confianza
en el futuro, en lo que es, en lo que sería.
Noches y días enteros pasaron
pensando uno en la otra,
soñando despiertos, viviendo en sueños
la realidad mágica que esperaban encontrar.
Míralos hoy día, despiertos, de la mano,
caminando hacia adelante, frente en alto.
Es la unión de los astros. Quién diría
que juntos iban a ir, que la iba a iluminar.
Quién diría que serían uno mismo,
que tanta belleza irradiarían,
después de lo temido por todos…
helos ahí.
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Días enteros con todas sus horas,
centímetros, metros y pulgadas nos separan.
Pero hay algo que nos une,
y ese algo son nuestras miradas.
Miradas que no dicen nada,
miradas que sólo ven
a través de los ojos, a través del alma,
y de tu sonrisa que no dejo de ver.
Miradas que gritan que me acerque,
miradas que preguntan quién eres
o qué quieres, o por qué no estás aquí,
miradas que susurran en tu oído
que me busques, que me llames,
miradas que no dicen nada.
Miradas que me recuerdan que
entre nosotros hay vidas enteras,
recuerdos y memorias a cada lado,
que no estorban, pero tampoco ayudan
a que más de cerca te pueda ver.
Miradas que nos unen,
sonrisas que me mantienen unido.
Alegrías escondidas,
y celosamente guardadas por ti.
Alegrías qué compartir
alegrías por vivir, alegrías que no nos dejan,
alegrías que se quedan y crecen.
Son miradas las que nos unen,
y sonrisas las que no me dejan ir,
pero qué puedo hacer contra mi voluntad
si lo que yo quiero es ver tu mirada
mientras me ves viéndote sonreír.
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