Te odio por dejarme entrar, y no me veas con esos ojos que no voy para atrás.
Suspiros, no hay nada más, te odio por dejarme entrar lo he dicho antes y lo repito de nueva cuenta, afuera estaba tan bien, sin desearte, sin amarte, sin soñarte; afuera estaba tan bien.
¿Dónde has dejado las palabras que te entregué? ¿Has olvidado que mi vida tenías en papel? El fuego de tu indiferencia quemó mi vida y ahora no me queda nada, más que este día.
Caí, sin ganas, sin fuerza, sin deseos sin necesidades, sin alegría, sin tristeza; sin amor sin caricias, sin sexo sin tu piel, sin café sin vino, sin vida. Sin muerte.