¿Que por qué escribo en prosa?
En prosa porque triste no rima con feliz,
porque el día no rima con la noche
ni verde con rojo, ni chocolate con anís.
Escribo en prosa por el ritmo
de los latidos del corazón,
por cada uno de los saltos
que pega la vena de mi brazo
por eso en prosa escribo yo.
En prosa porque no veo con los ojos
ni siento con la piel,
porque escribo con el alma
y con esa veo también.
No escribo en verso
porque no tengo melodía,
porque carezco de las letras,
de palabras, tiempo y alegría:
No es verso porque no rimo,
porque tan sólo escribo
como puedo y como quiero,
sin patas ni cabeza, sin estribo:
sin control: por eso es prosa.
Porque si siento sí:
sí escribo, pero si es no:
escribo no.
Porque escribo lo que quiero,
si quiero llorar escribo lágrimas
si quiero reír sonrisas
si tengo calor fuego, flamas,
agua o una fresca brisa.
Por eso es prosa y no verso,
sin enredos, ni complejidades.
Son mis palabras ¿no te conformas con eso?
El Primer Abrazo
Author: El Sexy / Etiquetas: EnseñanzasCaminaba con un amigo, entrando a la plancha del Zocalo, mi cartulina enrollada; él ya había dado un par de abrazos al bajar del camión, unas niñas alcanzaron a leer su cartel y pidieron sus abrazos.
Aún dudaba un poco, no estaba muy seguro de si funcionaría, no estaba seguro de qué esperar. Pero él estaba detras de mí apoyandome -anda, no seas marica- dijo como si viera el miedo en mi caminar. Qué más da-pensé, a fin de cuentas lo iba a terminar haciendo; abrí mi cartel y lo levanté sobre mi cabeza, con una gran sonrisa que reflejaba entre miedo y emoción. Al inicio sólo noté las miradas de las personas que se asustaron un poco -Ese está loco- habrán pensado; bajé mi cartel unas 3 veces, pero de repente esa señora se acercó, de la mano de un niño de unos 4 años, la señora mayor de 70 me abrazó sin preguntar, caluroso, lento, parecía eterno, lleno de cariño y energía, como si la que estuviera regalando abrazos fuera ella.
Y así…lo demás fue muy facil.
¿Cómo saber quién soy en realidad?
¿Cómo estar seguro de cuál de los personajes que en mí he encarnado soy yo?
¿Cómo asegurar que yo soy quien digo ser?
Me conocen un sin fin de personas...no es presunción
pero, ¿quiénes me conocen?
Y quien diga conocerme, ¿Cómo sabes que soy yo?
¿Cómo estás tan seguro de que no soy...
El Sexy?
Maska?
burutito?
Mushu?
Flako?
El Wey de Cabina?
¿Cómo estas tan seguro de que al escucharme o leerme, soy yo quien se comunica?
Te diré algo...
Yo soy yo...hasta cuando soy alguien más.
El amor hace sentir al enamorado tan fuerte, tan invensible, que no teme enfrentarse a cualquier cosa, a quien sea...sin saber que al estar enamorado es la persona más propensa a un ataque.
Y aquí estoy, sólo,
me encuentro tirado
al fondo de un callejón
oscuro, un cigarro apagado
en mi mano derecha,
la izquierda no hace más
que tocar mi cabeza:
despeinada, caliente, sudando.
El callejón es frío,
es muy frío, mi sangre
recorre lentamente
el camino a mi corazón;
volteo a mi derecha
una rata asoma lúgubre
su cabeza hacia mi pistola:
fría, brillante, mortal.
Ella sólo espera a
que termine mi cigarro,
pareciera que es el más
grande del mundo,
que nunca acabará.
Nuevamente veo mi arma:
inmóvil, esperando por mí;
la noche es larga,
el callejón oscuro
frío y húmedo,
confundo las pocas gotas
de lluvia con las lágrimas
que escurren en mi rostro.
La rata se largó,
se fue tras escuchar un suspiro,
talvez un sollozo.
No dejo de pensar en ella;
ella que hacía que mi sangre
recorriera rápido mi cuerpo,
y ahora hace que mi corazón se detenga;
en ella que vivía en mis manos
y ahora no me atrevo a tocar;
no dejo de pensar en ella
que hará que termine mi vida…
y veo mi pistola, tan sola.
No dejo de pensar en ella…
Una bocanada de humo
sale de mi boca…
No recuerdo cuándo prendí
el cigarro, ni cuándo lo pase
a mi mano izquierda,
talvez para poder tomar
mi pistola con la mano derecha;
lo medito un rato,
no hay porque acelerar las cosas,
prometí terminar mi cigarro y proceder.
Un sabor a plástico inunda mi boca,
el filtro se estaba quemando,
arrojo lo que queda de mi vicio
hacia una coladera abierta
justo a unos metros frente a mí;
de ella sale una rata muy pequeña,
quizás es la misma que miraba mi arma…
Me mira fijamente y abre la boca,
camina hacia mí, dispuesta no sé a qué.
Tomo rápidamente mi arma,
la siento anónima, ausente; apunto,
aprieto con fuerza el gatillo
y una bala sale disparada
hacia la pequeña bestia…
O eso creí, la bala rebota
en el suelo, en la pared y regresa a mí;
roza suavemente mi cara,
la siento lentamente cruzando mi rostro,
haciendo una marca muy superficial, fría.
Mi sangre está helada,
mi arma sigue en mi mano,
una pequeña gota de sangre
escurre hasta mi barba
y cae lánguidamente al suelo.
Ya ha dejado de llover,
aún hay algunas nubes en el cielo,
pero alcanzo a ver un pequeño lucero
en lo alto del cosmos oscuro;
tomo otro cigarro, aún tengo la pistola
a mi derecha, ya no hay balas;
sólo necesitaba una.
No dejo de pensar en ella…
la rata está junto a mí,
aquel lucero sobre nosotros
ilumina su mirada mientras me ve,
fijamente…
Una bocanada más sale de mí,
y no dejo de pensar en ella
que casi me mata…otra vez.
Y aquí estoy, con una rata,
nos encontramos al fondo de un callejón
iluminado por la única estrella
en el firmamento; un cigarro encendido
en mi mano izquierda, la derecha
toca con suavidad
la herida que ella me hizo…ella;
en quien no dejo de pensar.
Un lúnes como cualquier otro, el fotógrafo salió de su casa, con camara en mano, siempre buscando un buen ángulo, un buen objetivo, buena iluminación y esas cosas de fotógrafos.
Ese lúnes fue especial, a lo lejos alcanzó a ver un hermoso halcón, pero su lente no lo pudo enfocar, pues el sol le daba de frente. Ilusionado por la posibilidad de volver a encontrarlo, se introdujo sigilosamente en las profundidades del bosque. Aunque frente a él, cruzaban infinidad de paisajes y animales majestuosos, decidió guardar lo que restaba del rollo para las tomas perfectas que tendría del halcón.
Se internó un poco más, y al voltear al cielo, alcanzó a ver la sombra de aquella ave; embelezado con la escena, olvidó la presencía de la camara, y justo cuando el halcón se alejaba tras las nubes, el fotógrafo recordo su tarea; muy tarde, el halcón había desaparecido.
Tres semanas después, sin esperarlo realmente, el ave, apareció sobre su casa, esta vez no dejó de apuntar el lente al halcón; pero el paisaje no le satisfacía, aguardo varios minutos enfocando el lente, ajustando el brillo, y esas cosas que se ajustan en una cámara. Pero la composición, aun no lo llenaba del todo.
El halcón se alejó nuevamente, el fotógrafo confiado del regreso del halcón entró otra vez a su hogar. Al otro día salió esperando la llegada de dicha ave, pero no volvió, así pasó durante varias semanas...el halcón nunca regresó.
Desde entonces, el fotógrafo captura todas las imagenes que puede....
Acércate, mira más de cerca, dime qué ves; no hay otra opción.
¿Recuerdas el primer día? Todo fue tan fácil,
pero no fue suficiente, tú querías más
no te conformaste sólo con luz y oscuridad,
dividiste mar y tierra, pero la tierra te parecía triste
y decidiste darle vida, claro fue fácil para ti:
un árbol por aquí, una rosa por allá.
¿y bien, fue suficiente? Siempre quisiste más ¿no?
Más movimientos, más diversión, más vida,
y creaste tantos animales como plantas había en la tierra;
pero al sexto día una gran idea llegó a tu mente,
una gran idea complicada; pero tú lo puedes todo ¿no es así?
Tú lo puedes todo: e hiciste un hombre y una mujer,
con un toque de humildad de tu parte:
crearlos a tu imagen y semejanza.
¿Realmente es así? ¿somos como tú?
Debiste pensarlo dos veces, talvez el barro no es el mejor material
para crear una obra maestra; talvez tantos animales no son necesarios ¿has visto cuántos han desaparecido? Lo mismo digo de las plantas, y así del agua, de la oscuridad, todo desaparece. Pareciera que tu obra maestra no lo fue del todo, pero podría serlo, un segundo intento quizás, volver a empezar, comenzar desde cero nunca estará mal, se un poco más original, cambia algunas cosas ¿has pensado que el hombre pudiera estar de más? Talvez el detalle es la semejanza, somos tan diferentes ¿eres bipolar? Insisto, prueba una vez más, olvídate del odio, del egoísmo, olvídate del rencor, sólo dale amor a tu creación, cariño, alegría, no olvides el placer y la felicidad.
Y Dios, recuerda, el séptimo día procura descansar.
En la esquina superior derecha de mi habitación, justo sobre mi espejo, vive una araña desde hace ya algún tiempo, hace unos meses comenzó a tejer su telaraña, una red perfecta que cubre totalmente aquella esquina. La he visto comer varias veces: hormigas, palomillas, pequeños gusanos e incluso arañas. El procedimiento siempre es el mismo: se esconde tras la parte más tupida de su trampa al ver a cualquier intruso acercarse a esa zona de la pared, cuando la presa está lo bastante cerca empieza a mover ligeramente su red hasta que el insecto, como hipnotizado se adhiere a la telaraña, hasta que se ve atrapada entre los hilos que la astuta araña ha dejado sin terminar de entrelazar; una vez que la victima está entre las hebras, la araña se acerca sigilosa hasta su presa, quien al verla inicia una extenuante e inútil lucha por liberarse. La araña disfruta al ver es espectáculo, pero nunca termina de ver el duelo del insecto, que más tarde devorará.
Pero esta noche fue distinto; al prender la luz en mi cuarto noté que una pequeña sombra jugueteaba alrededor del foco que colgaba del techo, no me preocupé por eso, ni siquiera intenté matarla o sacarla de mi habitación, di por hecho que la araña de aquella esquina superior derecha haría todo el trabajo sucio, apague la luz y traté de dormir pero el constante aleteo de aquella mosca no me permitía conciliar el sueño; gracias a la luz de la luna logré localizar a aquel insecto volador mientras se acercaba muy confiada y sin preocupación a los territorios de mi inquilina, sin pensarlo mucho deseé que la mosca muriera rápidamente, logré ver como la araña seguía su rutina de ataque, se escondió y movió la red, pero la mosca no caía en la trampa, pareciera que la araña perdiese la paciencia pues cada vez movía más rápido la telaraña. Por fin dos hilos alcanzaron las pequeñas alas de la mosca, entre más duro movía la red la araña veía más cercano el momento de cenar. Cuando la mosca se vio a sí misma sin salida, desistió de su lucha y se dio por vencida; la araña se acercó, la miró analizándola, pero se acercó más que de costumbre, la vio con desprecio y preguntó “¿acaso no piensas luchar?—la pequeña mosca no respondió—en ese caso dejaré que mueras aquí, tú sola” Ésta vez la mosca levantó la mirada y observó fijamente a la araña “¿No me comerás—la araña negó con la cabeza—no me matarás tú misma?” Enojada, la araña le arrancó el ala, después de hacer la misma pregunta, y recibir idéntica respuesta arrancó el ala sobrante y sujetando la araña a la mosca de las patas, descendieron hasta el suelo, “Ahora serás el hazme reír de todas las moscas y pasarás lo que te resta de vida avergonzada y sola; desearas haber muerto luchando honorablemente, pero ahora lo harás en el exilio” Y después de decir esto, la araña regresó a su esquina dejando a la mosca a su suerte.