¿Cómo decirte con palabras lo que siento?
¿Cómo decirte que un te adoro dice poco,
que un te amo se queda corto?
¿Cómo decirte que no sé cómo explicarte que eres todo?
Cómo decirte que no hay palabras para decir TE AMO
Corría lejos del incendio, su delgado cuerpo burlaba los objetos que caían desde lo alto, otra vez, salió airosa del ataque. Lucila, el único miembro femenino de Anarquía 1900, sobrevive desde hace seis meses, a los estragos de las bombas que ella arma y coloca en las principales instalaciones gubernamentales.
Después de medio año, el gobierno la conoce bien. Tras un operativo extenso y elaborado, han logrado capturarla, no la encerrarán, no la condenaron a cadena perpetua, ni a la silla, ni a la cámara de gases; ha sido algo peor. Trabajar para el gobierno que tanto había atacado. Misión de rescate, una muerte estratégica y un par de diamantes por recompensa.
Rescatar a la hija del embajador: la misión principal; una niña de siete años, secuestrada por un grupo guerrillero; curiosamente el líder guerrillero fue el padrastro de Lucila, hasta que mató a su esposa. Era el turno de su venganza, podría mutilar lentamente al asesino de su madre y además, quedarse con los diamantes más valiosos del continente; o tal vez hacerlo estallar.
Tomó dos semanas prepararlo todo: planos de la base de la guerrilla, equipo de invasión, armamento necesario y una ligera carga de explosivos, excelente para una sola persona. La niña no importaba; vengarse y hacerse rica era lo importante. Tomar los diamantes fue sencillo, estaban solos en una de las bodegas inferiores de la construcción. Lo complicado fue encontrar a su víctima, antes fue encontrada por él, la había seguido desde que llegó. Después de correr escapando de él, Lucila encontró una bóveda llena de explosivos, decidió terminar con todo e incendiar el lugar, ella podría escapar por una de las ventilas. Pero no fue así. Fue alcanzada por el fuego. Todo explotó. En el cielo se alcanzó a ver a Lucy y sus diamantes.
Vi toda mi vida pasar frente a mis ojos y fallecí.
Aún destrozada puedo recordar mi primer segundo de vida, aquel en que vi la luz por primera vez; antes de ese momento jamás había sentido el aire sobre mí. Cuando aquel hombre desconocido me tomó con esas grandes manos cubiertas por un par de guantes, me sentí la más importante del mundo; era como si me hubiera escogido a mí de entre un millón más, todas parecidas a mí pero no iguales. Algo tuvo que haber encontrado en mí para sacarme del lugar tan incómodo donde estaba. Me tomó con una mano, me acercó a él, quitó una parte de mí, esa parte que evitaría que fuera libre, que me haría igual a las demás; me levantó sobre su cabeza...Sentí un pequeño golpe detrás de mí.
La Luna brillaba fuerte sobre mí, el ruido a mi alrededor era ensordecedor, de repente me nació una gran necesidad de gritar, de sacar todo lo que yacía dentro de mí, una necesidad incontrolable de explotar. Toqué el suelo firmemente, fuerte, de tal manera que me sentía parte de él, un calor indescriptible dentro de mí, comenzó a crecer y a cada segundo se hacía más y más grande. Hasta que no pude más, todos aquellos sentimientos de odio que desde mi nacimiento giraban en torno a mí, salieron disparados hacia todos lados, no supe a quién dañé, no supe a quién ayudé; sólo sé que mi vida terminó, que exploté y que de mí no queda más que heridas y quemaduras en personas que festejaban la independencia de su país.
Aún no despertaba y pedía que no fuese un sueño,
no podría con la pesadez de una noticia así
abrir los ojos, buscarte y no encontrarte;
pero no fue así, mis ojos vieron la luz
que golpeaba suavemente mi cama,
el Sol se había logrado escapar por la ventana.
Un pie, después el otro, el frío del suelo
llegaba hasta la punta de mi nariz,
se me complicaba respirar
mientras caminaba a tu encuentro;
una puerta abierta me separaba de ti,
dos pasos más y sabría si había soñado.
¡Impresión! Estabas ahí, sentada en la cama,
leyendo, como siempre, leyendo.
Notaste inmediatamente mi presencia
quizás escuchaste mi palpitar o respiración,
me invité junto a ti, sabía que me querías ahí,
un beso tierno, un te amo
y lo demás…lo que tenía que ser.
Me despojaste de mascaras,
invadiste totalmente mi territorio
lo permití, yo te quería ahí,
entre intercambios de espíritus,
penetré en tu alma, sé que me sentiste,
un apenas audible quejido
me dijo que estaba donde tenía que estar.
Un beso pasional, un te amo
y lo demás…lo que tenía que ser.
No sabía qué esperar,
no imaginaba tu reacción,
en realidad, no sabía
cómo sería estar frente a ti.
Pero llegó el momento
que estuvimos esperando;
entré lentamente al lugar,
todos se movían tan rápido
con prisa, corriendo,
yendo y viniendo
de un lado a otro, sin parar.
Te busqué entre la gente,
todo tan rápido
todos sin verme,
corriendo indiferentes;
entonces, todo desapareció,
el escándalo se evaporo,
sólo escuchaba mis pasos
hacia a ti, muy despacio
el eco de mis pisadas
perforaba mis oídos,
el correr de mi sangre
laceraba mis venas.
Mirabas a todos lados
esperando a que llegara,
buscándome entre la gente
sonriéndole al aire,
sin saber que entre todos
ya te había visto.
Tu mirada se cruzó con la mía
y explotaste por dentro,
la sonrisa en tu rostro
se reflejaba en mí,
y sonreí, floté y volé hasta ti;
tu mirada me dijo
que me esperabas, que era yo,
nuestras almas se besaron
al contacto de los labios,
mi corazón se detuvo
por un instante
pero el tuyo lo despertó
pues a cada latido
intentaba salir de tu pecho
y perforar mi piel;
fue ahí que lo supe,
eres tú la indicada.
Una mirada, una sonrisa
un abrazo y un beso
fueron suficientes para saber
que somos uno,
que somos uno tú y yo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)